🩶Novena de San Juan de Ávila🩶
Mayo 10.
“María te doy mi corazón, haz que sea siempre tuyo.”
ORACIÓN INICIAL
«Señor mío, ¡cuántos milagros hiciste en este mundo, cuántos muertos resucitaste, cuántos cojos sanaste, a cuántos ciegos diste lumbre, a cuántos sordos diste oídos! Ves aquí un muerto que no tiene más que la lengua de vivo; aplica en mí lo que padeciste, ayuda a mi flaqueza, alumbra mis ojos, haz que oigan mis oídos tus palabras de vida, despierta mi alma de tan profundo sueño, haz que mi corazón oiga tus palabras, de tu dulzura da gusto a mi paladar y haz que pierda el sabor que toma de mis pecados.» AMÉN.
ORACIÓN DE PETICIÓN
Señor y Dios nuestro, que en el Corazón traspasado de tu Hijo, herido por nuestros pecados, nos has mostrado las riquezas de tu amor, y en san Juan de Ávila nos has dado un pregonero de ese amor divino para todos los hombres. Concédenos por su intercesión que todo tu pueblo santo, sacerdotes, consagrados y fieles laicos, crezcamos en la santidad a la que Tú nos llamas, descubriendo y acogiendo la hermosura de quien es todo hermoso: Jesucristo. Que, como él, seamos asociados a la pasión redentora de Cristo para salvar por las lágrimas a muchos hermanos. Danos espíritu de oración abundante, adoración continua a la Santísima Eucaristía y devoción a la Virgen Santísima. Que por su intercesión crezcan las vocaciones al sacerdocio ministerial y la renovación de la Iglesia en nuestro tiempo venga precedida y alentada por la reforma del clero y el fervor en los Seminarios. Que el Espíritu Santo, fuego de amor en el que ardió y se consumió el Maestro Ávila, doctor de la Iglesia Universal, arda en nuestras vidas para que emprendamos con nuevo ardor y nuevo entusiasmo los caminos de la nueva evangelización para nuestra generación. Que al venerar su memoria, alcancemos la gracia que te pedimos por su intercesión. Amén. Padre nuestro. Credo. Ave María.
Carta 102. A una señora trabajada.
La cruz le dan, confíe que le dan al que se puso en ella.
«Con estos tales golpes se fabrica la corona…Ya sabe que no hay amor sin dolor, y mucho mayor en el de Dios, porque es más verdadero amor, el cual ha de ser probado con trabajos, como oro con fuego; y el que queda en pie, aquél es el fino y el que hace que el Señor diga: Vosotros sois los que permanecisteis conmigo en mis tentaciones; yo os dispongo el reino, como mi Padre lo dispuso a mí (Lc 22, 28ss). En guerra está, tenga esperanza de la corona. La cruz le dan, confíe que le dan al que se puso en ella, que Él y ella casados son; y por eso está fijado con clavos, porque sepan todos que quien a ella tiene, tiene a Él, y quien a El quisiere llevar, ha también de llevar a ella; porque a los que Dios juntó, el hombre no los aparte (cf Mt 19, 6). Consuélese, pues, vuestra merced en sus peregrinajes y trabajos, que pues tiene la esposa, que es la cruz, no se le negará el Esposo, que es el Crucificado.»
ORACIÓN FINAL.
Oh Dios, que hiciste de san Juan de Ávila un maestro ejemplar para tu pueblo por la santidad de su vida y por su celo apostólico, haz que también en nuestros días crezca la Iglesia en santidad por el celo ejemplar de tus ministros. Por Jesucristo, nuestro Señor. AMÉN.

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