💜Novena Santa Laura Montoya💜
Octubre 21.
"Dos sedimentos, Jesús mío: tú de almas y yo de tu sed. ¿Que nos detiene pues?"
ORACIÓN INICIAL
TODO LO PUEDO EN EL SEÑOR
"He aprendido a contentarme con lo que tengo. Sé avanzar en escasez o en abundancia. A todo estoy acostumbrado: A la saciedad y a la estrechez, a la riqueza y a la privación. Porque todo lo puedo en Aquel que me conforta". Filipenses 4, 12-13
Hoy y siempre la vida de los santos encierra historias comunes y corrientes. Aún más situaciones difíciles que ellos, apoyados en Dios lograron superar.
Laura Montoya nacida en Jericó, población colombiana, en un contexto de lucha política. Perdió muy temprano a su padre, asesinado durante una dura época del país. Este hecho llevó a su familia a emigrar en busca de mejores horizontes y así, doña Dolores con sus tres hijos se acogió en Medellín.
En casa del abuelo de Laura. Mas tarde traslado a una finca que el padre de dona Doloritas Poseía en Amalfi, al norte del Departamento de Antioquia. Durante estos años, esta familia desplazada, sólo conoció desprecios y pobreza.
La idea de hacerse maestra surgió en Laura, como una forma de enfrentar las penurias de su hogar. Así logró graduarse en la Normal de Institutoras de Medellín. Pudo entonces obtener un sueldo para ayudar a su casa, compartir con sus alumnas su fe y sus valores.
Sin embargo, este ministerio de educadora no faltaron las incomprensiones y obstáculos. Algunos incluso la calumniaron llegando a manchar su fama de mujer equilibrada y honesta.
Golpeada por tantos problemas, Laura se refugió en la oración, aceptando sus dolores.
Delante del Señor Jesús, cuya pasión gustaba de contemplar con frecuencia. Sólo así pudo salir adelante y más tarde continuar su tarea pedagógica.
La Madre Laura nos enseña a todos a poner nuestra confianza en el Señor, quien no tardará en ayudarnos.
ORACIÓN FINAL
GOZOS (después de cada lectura del dia)
Al presentarte nuestros ruegos, venimos llenos de confianza: Tu celo ardiente y generoso danos a todos, Madre Laura.
I.
Madre y maestra de los indios de nuestra selva americana: Vuelve a enseñarnos los caminos de tus intrépidas andanzas. Y Así la luz del Evangelio llegue por cerros y cañadas, a redimir a los cautivos de la pobreza y la ignorancia. Tu celo ardiente y generoso danos a todos, Madre Laura.
II.
Ante el asombro de tus ojos, la turba inquieta y afanada de las hormigas un secreto de amor, te dijo sin palabras. Y desde entonces la ternura de Dios, inmensa y desbordada sobre los buenos y los malos, con suaves ardor te abrasó el alma. Tu celo ardiente y generoso danos a todos, Madre Laura.
III.
Tú que supiste de pobreza y también fuiste desplazada, mira el dolor de tus hermanos en esta patria colombiana. Haz que florezca entre nosotros aquella paz tan anhelada, en la justicia y el progreso que como hermanos nos igualan. Tu celo ardiente y generoso danos a todos, Madre Laura.
IV.
Un acendrado y fiel cariño a la señora Inmaculada, marcó tus días y noches, le dio certeza a tu esperanza. Su amor fue siempre el santo y seña de tus empresas arriesgadas, su nombre dulce y melodioso entre los tambos se escuchaba. Tu celo ardiente y generoso danos a todos, Madre Laura.
V.
Si las serpientes y las fieras por el poder de tu plegaria, como predijo el evangelio, pacificaron su acechanza: Líbranos hoy de los peligros que por doquier nos amenazan a quienes vamos de camino hacia la fiesta de la patria. Tu celo ardiente y generoso danos a todos, Madre Laura.
VI.
Tu corazón en carne viva, porque “los indios son mi llaga», contagie a todos tu angustia por tanta gente marginada. Haznos sentir la sed de Cristo que dio vigor a tu constancia, en las tareas de su Reino de amor y bienaventuranza. Tu celo ardiente y generoso danos a todos, Madre Laura.
VII
A los discípulos de Cristo, tu gesta heroica nos señala la ruta audaz del evangelio hacia regiones muy lejanas. Transforma nuestro continente que ya es iglesia misionada, en una iglesia misionera de leve alforja y sandalias. Tu celo ardiente y generoso danos a todos, Madre Laura.
ORACIÓN FINAL
Dios, Padre misericordioso, que elegiste a la Santa Laura Montoya para despertar en la iglesia el sentido misionero, especialmente hacia las comunidades marginadas de la sociedad.
Concédenos que podamos imitarla en su actitud contemplativa y en la búsqueda constante de la salvación de los hermanos.
Danos la gracia de una conversión sincera al Evangelio y así un día florezca entre nosotros una paz justa y duradera, por el progreso de todos, especialmente de los más necesitados.
Además, rogamos por los méritos de la Santa Madre Laura, el remedio de estas necesidades…. si es para tu mayor gloria y nuestra salvación.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

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